La zambrana
El valle de la Zambrana merece la pena por muchos motivos: porque en los barrancos donde nace el arroyo de la Zambrana, en las laderas del pico Bolla (1512 metros), hay un buen ejemplo de la vegetación autóctona que un día pobló toda la zona, porque la Zambrana nunca se seca y serpentea entre las pizarras dejando a su lado pequeños huertos y prados y plantaciones de castaños, porque el paisaje visto desde el río Esperabán donde desemboca es sublime. Allí donde La Zambrana y Esperabán se unen, un magnífico meandro en el curso principal nos deja boquiabiertos. Por haber, hay en su desembocadura hasta petroglifos de la Edad del Hierro (Teso de los Cuchillos). Se trata de un bonito paraje entre agua, vegetación autóctona, zonas de cultivo, piedras y pizarras que trabajadas con esmero y sabiduría por los hurdanos le ha conferido al paisaje un encanto especial, casi virginal. Se accede por una pista forestal de 7 km que une las alquerías de Erías y Castillo.
Apto para niños pequeños
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